Últimos textos

Salir

S

Por Victoria Arce

padezco una asfixia leve

                pero constante

por eso mantengo

mis ventanas siempre abiertas

dan al cielo que se aplasta

cargado de hollín, sobre las terrazas

es cierto que no salgo

aunque el tiempo adentro

se vuelve uniforme

e infinito

como el movimiento

en una línea de producción.

Victoria Arce nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, en el año 1979, en la cual reside actualmente. Sin embargo, vivió en La Plata durante su niñez y juventud. Estudió Letras en la UBA y concurre al taller de poesía «Tierra fértil» que coordina Ivana Szac desde marzo del 2020. Suele compartir sus poemas en instagram (@toriajandra)

Ausencia

A

Por: Jaime Gamarra Zapata.

En cada sueño escucho

tu gorjeo tu escuálida voz

apocada como mi sombra ansiosa

como un fotograma de filme en blanco y negro

y de nuevo me tiendes la mano

igual que un libro de poemas en remate

editado por un ermitaño obsceno

y vuelvo a sentarme en viejos pupitres

al lado de rostros imberbes

sin ningún indicio de acné

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Yo sé

Y
Yo sé, lo que voy a sufrir
cuando tenga que dormir 
y no encuentre tu voz en mi espalda.

Yo sé,  lo que voy a llorar
cuando tenga que esperar
que lleguen abrazos a mi cama.

Yo sé, que me voy a morir
y que el pecho me va a ahogar
porque el humo hasta se roba mis palabras.
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La quiero un buen

L

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.

JORGE LUIS BORGES
Quizá sea un buen momento
para dejarle a usted muy claro
como dicen en las calles,
yo la quiero un buen.

Así ha sido siempre
para cada una de sus máscaras
cada vez que le he fallado,
yo la quiero un buen.
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Historias de conejos

H

Autor invitado: Abraham Vodnik

Con todo el amor y el agradecimiento de nuestros días.

“… y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse),

 te alegrarás de haberme conocido.”

-A.Saint-Exupéry.

Esta no fue la primera vez que nos acercamos, lo habíamos intentado antes, jóvenes y entusiasmados pero lo suficientemente sensatos para reconocernos aún torpes. Y siendo honesto, no esperaba encontrarla una segunda vez. Temerosos y discretos, nos fuimos acercando despacio con la intención de reconocernos y entender las necesidades de cada uno. La observo bailar y en cada gesto descubro canciones escondidas que resuenan entre los pliegues de su sonrisa.

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Buenos Días

B

¿Has visto la primera gota de rocío de la mañana? – Era la pregunta que asomaba por mi cabeza, pero que, en ese momento, mis labios se negaban a pronunciar. Ella siempre dormía dándome la espalda, dejando que sus hombros desnudos escapasen del manto protector de las sábanas de su cama; esos hombros desnudos que exponían parcialmente la constelación de pequeñas pecas que nacía desde su espalda. Era por esta forma en que dormía por lo que casi siempre me resultaba imposible saber con total certeza si se encontraba sumida en un sueño o si, por el contrario, ya estaba despierta, sintiendo mi mano derecha acariciar su piel desnuda por debajo de las sábanas. Y aun despierta, ¿estaría pretendiendo dormir, porque no existía razón suficiente para despertar? ¿Qué tal si despertaba y mis dedos dejaban de dibujar aquellas tímidas líneas sobre su pierna?

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The Darkest Day

T

All flights cancelled, flying tomorrow. Duncan.

Los muchachos y yo caminábamos por la pista del aeropuerto de Munich, de vuelta a nuestro Airspeed Ambassador. Era una de esas heladas tardes alemanas en las que todo lo que uno quiere es regresar a casa, besar a la esposa y descansar un ratito. Treinta y ocho personas caminábamos por tercera vez por aquella pista, siendo la más reciente aquella en la que regresamos del avión a la sala de espera, hace tan sólo quince minutos. Sería la tercera que vez intentaríamos despegar. Tercer intento, carajo. (más…)

19

1

Como cualquier tragedia, nos tomó por sorpresa.

El caminar por la oficina,
el crujir de los cristales y ventanas.
Sentir que el mundo se inclina;
que la rotación se pronuncia hacia la derecha.
Quizá sí me fui un poco de lado,
o, a lo mejor, es lo vago del recuerdo.
Las caras incrédulas,
las preguntas sin respuesta inmediata.
Mirar esos ojos que se cuestionan hasta lo más profundo:
¿por qué lo imposible nos toca el hombro? (más…)

De la soledad

D

En el programa de radio, la productora sugirió hablar del informe del Presidente saliente y de la toma de protesta de las nuevas legislaturas.

Yo pensé: «¿por qué mejor no hablamos de la soledad?».

Y conectamos con el radioescucha que anhela compañía o hablamos con quienes están haciendo de cenar y nos sintonizaron para olvidar que comerán solos. Y permitimos llamadas al aire, y desocultamos con la audiencia esas fibras de la realidad que nos tienen aislados. (más…)

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