AutorAutores Invitados

Inconstancia

I

Autor Invitado: Omar Aguirre

Inconstancia

Primer historia corta de una madrugada de febrero.

Índice, medio, anular y meñique, Índice, medio, anular y meñique, sus dedos suenan sobre una mesa. Sorbo de café, grande, provocando ligeramente, muy ligeramente, amarillar su dental, otra vez. Su cuenca nasal izquierda es levemente más ruidosa a su homóloga derecha, fue un golpe a los 17. Enojado comienza la carta, anoche no pudo eyacular y su olor solo salía sudando el lápiz. Sorbo al café, esta vez pequeño, en su sonrisa los dientes siempre parejos. Cabrón, le rompió la madre al tipo y aquel ni las uñas metió, dormitó en el suelo. La cobardía no es asunto de recordarse, pero no se blasfema en negocio de mujeres y menos con alcohol encima. Es la inconstancia, lo que siempre provoca los males entre los hombres brutales. Suena su móvil, es un mensaje, lo ignora y sigue redactando. Acción: fósforo, cigarro, cenicero, ese no era uno de esos días y lo sabía, no podía escribir ya más y el café quemado dolía al orinar, así que, decide acudir sin terminar previa carta. Salió en trote a su departamento y al acudir leyó el mensaje. Las mujeres inconstantes también olvidan y esta a él le recordó que hay un dolor más grande que orinar café recalentado.

Te Siento. No Pienso + CUANDO TE BESO

T

Autor invitado: Ameyalli Gómez Ilescas

Te Siento. No Pienso.

¿Recuerdas el tibio tatuaje de húmedos labios que hice para delimitar la circunferencia de tu ombligo? Toqué con la yema de mi dedo aquél botón hundido y recorrí su camino, arriba y más arriba sin preocuparme por ir muy recto, hasta topar con la curvatura. Pero ¿cuál curvatura? Será el derecho o será el izquierdo. Me detengo y no lo pienso, pero de pronto lo pienso mejor, me atrevo y entonces te siento. Suave, latente; ya no con la yema sino con la palma entera. Arriba: un cuello. Más arriba: dos labios. Un beso…

Ya no pienso.

CUANDO TE BESO

Cuando te beso me aferro a la necia creencia de que nuestros pensamientos se tornan visibles.

Y se tocan jugando y se abrazan bailando.

No hay prisa, no hay tiempo.

[Fuga de pensamientos]

Cual brasas, van de tu boca a la mía en una danza intangible de embriagador calor rítmico.

Pensamientos fugaces, ideas escapando de nuestra mente

/Pensamientos que se embriagan y bailan para tener sexo.

El sexo sublime que desnuda las almas, sin tocarse

[Flama sin fuego, hielo ardiendo]

Gustar de ti. De tu mundo de ideas traducido a una danza.

Quiero, aún cuando sea por un solo momento:

saberte enteramente bebible y exquisito.

De mente y de cuerpo.

Cuando te beso.

Cuando El Amor Acaba

C

Autor Invitado: Abraham Vodnik

Cuando El Amor Acaba

H.

-¿Qué haces?

-Sostengo la cobija para que no me de la luz en la cara y pueda verte -lo dijo mirándolo a los ojos mientras envolvía su cintura con el brazo que le quedaba libre -además hace mucho calor aquí dentro.

-Pero te encanta enredarte entre las cobijas hasta quedar como un tamalito.

-Tamalito tu cola.

-Tamalito la tuya. Y es de dulce -acentuó su respuesta besándole la frente, naturalmente sus cabellos se enredaron caóticamente entre sus labios, pero ya sin molestarle. Esa sensación dejó de ser incómoda hace tiempo.

El calor no se disipaba, tampoco era realmente molesto, y aunque la cama era lo bastante grande aún para soportarlos separados, cada uno en un extremo sin llegar a tocarse, eligieron reducir la habitación al pequeño espacio entre sus brazos.

El tiempo siempre será relativo porque nunca existió, existen los momentos que guardamos y etiquetamos con fechas y horas para distinguirlos de lo que no nos importó, y es sobre estos momentos que construimos nuestra escala de tiempo única y personal. Por eso hay momentos que duran toda una vida y vidas que sólo duran un momento. Y en este momento ella está aquí, arrinconada a su voluntad. Fue ella y solamente ella quien se metió en ese pequeño espacio de mi cama para después culparme de no dejarla salir. Por supuesto que no iba a quejarme, el papel de villano siempre es encantador cuando hay una dama en apuros.

A diferencia de la falsa idealización que se le tiene, el amor es un conflicto por definición. Es el principio máximo de la psicología inversa en manos de la mismísima naturaleza, y no importa cuánto tiempo pase, siempre aportará nuevos problemas. Más de una vez pensé en una canción para dedicarle, inclusive encontré algunas que embonaron con la situación, pero no tardé en darme cuenta que me buscaba un nuevo conflicto: a una mujer como ella ya le han dedicado todas. Y mientras más crecía mi obstinación por encontrarle una canción mis opciones se reducían drásticamente hasta una corta selección superficial y de mal gusto. No se puede ignorar el temor a regalar recuerdos de otros colores, pero la tentación es grande y mi necedad mayor. Así que, cansado de las malditas canciones, me decidí a dedicarle mi tiempo y mis besos, a rodearla de caricias con la completa seguridad de que sólo llevarán mi sabor. Las palabras de amor siempre serán las mismas pero toman el sabor de los labios de donde salen.

Las camas tienen gran parte de la culpa. En ellas se nace y se muere. Todos los días empiezan y terminan con ellas. Comer, hablar, escribir, llorar, querer, leer, escuchar y orinar se puede hacer en cualquier lado y con cualquier persona, hasta coger se puede donde sea sin el menor inconveniente. Pero dormir, dormir sólo se logra con una sola persona y en una cama. Lo peor es intentar repartir la cama en bienes raíces, “ese es tu lado y este es el mío, esta es mi almohada y esa la tuya…”. Las camas no son propiedad de una persona, dos personas son propiedad de una cama. Y sin importar de qué lado está quién la cama los atrapa y embebe sin que se den cuenta que las horas se vuelven segundos en unas cuantas caricias. No hay como compartir una almohada, aunque termines con los brazos entumecidos y la cara llena de cabello, es eso que a todos les hace falta.

Hoy me encuentro de pie en el mismo balcón donde antes caí, y me pregunto qué otras cosas inesperadas aceptaré de buena gana. Ahora estamos juntos porque así se nos antoja, aunque no seamos el uno para el otro, ni la mitad que nos faltaba porque ya estábamos completos cuando nos encontramos. Ella era ya preciosa antes de que yo se lo dijera, yo era ya un patán antes de que me cacheteara. Nos acercamos sin querer para acabarnos queriendo y aunque no la necesito para nada, la quiero para todo.

Sé que no puedo prometerle un futuro, ni aunque quiera, pero sé que la quiero hoy y la querré toda la semana, y sé que le guardaré este rincón siempre que llegue. También sé que no soy sus primeros labios y estoy lejos de ser los últimos. Llegará un día en que cada quien tome sus cosas y se lleve una parte del otro sin dejarnos incompletos, con sonrisas en los ojos y lágrimas en las palabras. No estaré triste por su partida, no porque quiera que se vaya, en absoluto, sino porque para irse primero tuvo que llegar. Debemos aceptar que el amor tiene caducidad, ¿cuándo? no lo sé, lo importante es que hoy está aquí. Mañana seremos distintos y quizá nos miremos desde lejos o nos veremos para beber cerveza. Ahora es lo de menos, pero así es como aprende a vivir uno cuando el amor acaba.

Hoyos negros ¿escondites para contar secretos?

H

Autor invitado: Ameyalli Gómez Ilescas

2059. Singapur, Tierra.

Hoyos negros ¿escondites para contar secretos?

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Algunas noches, el viejo guardia – que no suele hablar con nadie más – me cuenta de su niñez. Cuando las ciudades aún tenían colores: azul, verde, rosa, amarillo, naranja. . . verde. Cuando las familias no estaban tan rotas e incompletas. Cuando había más que viejas y nuevas construcciones que parecen nacer de entre escombros de guerra. No deben decirles mucho por aquí; creo que él no sabe exactamente quién soy yo.

  • ¿Sabes lo que hacían antes las personas cuando tenían un secreto insoportable?
  • No viejo. Dime ¿Qué solían hacer?

Se acomoda en su silla vieja de metal oxidado y comienza a canturrear:

“Subiré a una montaña
hallaré el árbol más grande
tallaré un hueco en él.

Y le susurraré mi secreto.

Entonces, cubriré el agujero con barro
olvidaré aquella montaña
olvidaré aquél árbol
olvidaré aquél susurro.

Y jamás nadie podrá escucharlo”

Las últimas palabras apenas y se entienden porque ya comienza a quedarse dormido.

Hoy, los únicos árboles que veo desde mi celda son los que construyeron hace ya muchos años para captar la energía solar, y están aquí en Singapur. Pero a nadie se le permite acercarse. Ésta noche hay un cielo despejado, incluso puedo distinguir algunas estrellas.

En el universo también hay huecos. Huecos negros para ir a susurrarles lo que llevas dentro. Pero su naturaleza es más dañina, bastante peligrosos y pueden llegar a ser muy útiles… si no eres lo suficientemente grande y te acercas a su hermosa periferia radiante ya no solo es un pequeño hueco. Varias estrellas, ciudades dentro de planetas, naves curiosas enteras han desaparecido en la osada misión de tocarles. Irreverentes, se acercan a él como presas ajenas a la trampa escondida… y tanto se acercan y tan sigilosas van que sin el menor ruido envueltas se ven del mortífero abrazo de la gravedad infinita que nace del centro. Y entre abrazos sin brazos y abismos envueltos; la velocidad que se alcanza en tan divina danza termina por hacer de la estrella poco más que unas brasas. Al final el disco luminoso que rodea al insaciable hoyo solo engrosa otro poco.

Captura de pantalla 2014-07-24 a la(s) 17.17.38¡Cómo me gustaría ser una gigantesca criatura que merodea el universo!

Sí. Me iría muy lejos, en busca de un luminoso disco de acreción que emane destellos en rayos X. Me acercaría ligeramente hacia él y entonces me dirigiría al espacio-tiempo deformado de su centro. No necesito tallar, no necesito cubrir nada, el núcleo de su estrella oculta, todo lo atrae, todo lo absorbe, así se alimenta de luz. — ¡Qué desdichado he sido! Nunca debí crear ese aparato de muerte, de destrucción, de podredumbre humana. Sabía lo que provocaría y aún así mi ego no me permitió destruirla entonces. «Me he ofendido a mí mismo, a Dios si es que hay Dios alguno y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo ni la calidad, ni el destino que debía haber tenido». — Susurraría, no: ¡Gritaría sin cuidado! Porque yo lo sé, todo ahí dentro es oscuro porque nada de él sale.

Entonces; olvidaría aquella simple oscuridad profunda del espacio, aquél hueco tallado por la gravedad, olvidaría su bello disco de acreción de partículas radiantes, olvidaría las palabras ahí contadas y nadie fuera de él podría escucharlo.

Todo esto, mientras la mecedora sigue chirriando y yo sigo con mi secreto dentro.

Sé que el decirlo no cambia nada.

Pero me arrepiento de haberlos matado.

ameyalli3Ameyalli GóIA.

Originaria de la Cd. de México, Ameylli Gómez Ilescas dio su primer suspiro un 16 de Abril de 1993. Estudiante de Biología y amante de la fusión entre la ciencia y el arte.

Crisis

C

Autor invitado: TresCatorce

Crisis

Brevísima reflexión sobre el presente

El presente es un tiempo de crisis en el que lo que más escasea son las emociones. Divorciados de nosotros mismos, nos hallamos perdidos en el trajín de la vida cotidiana donde ya nada es nuevo ni original sino simple novedad en un proceso de continuo reciclaje. Obramos de una forma tan mecánica e irreflexiva que pensar en la realización de nuestras propias emociones resulta casi irrisorio. Sentir, cuestionar y hacer crítica han pasado a ocupar una categoría de importancia menor, siendo la exacerbada racionalidad y la prudencia técnica los únicos bienes apreciados. De ahí que nuestras acciones se encuentren limitadas al cumplimiento del fin cotidiano, que no es sino hacer hoy lo mismo que hicimos ayer con vistas a poder repetirlo mañana. (más…)

De Lo Que Hablo Cuando Hablo Sobre Ti

D

Autor invitado: Chuck Pedroza

De Lo Que Hablo Cuando Hablo Sobre Ti

La adicción es engañosa. Por ejemplo: un hombre que pasó 11 años sin fumar, pasó 15 segundos en un elevador con un hombre fumando un cigarro. Se rindió. Lo que estoy tratando de decir es que creo que te amo de nuevo”- Anónimo.

Era muy bizarro verla de nuevo después de tanto tiempo. En cierta manera era extrañamente familiar, como retomar una partida de aquellos juegos de mesa interminables, después de que fue suspendida cuando el sueño le ganó a los participantes y que continúa como si aquellas horas de sueños jamás hubieran pasado. Era la segunda vez que la veía en los cinco años que habían transcurrido desde nuestro prematuro, o al menos así parecía en aquel momento, rompimiento, en alguna primavera perdida en la memoria. (más…)

En el Infierno no Hay Relojes

E

–Todo comenzó con la urgencia de disipar las dudas que me rondaban aquella madrugada: ¿Habrá alguna mente humana capaz de imaginar el origen de todos los tiempos? ¿Qué había antes de que el tiempo existiera? ¿Nada? Y si había nada, ¿cómo pudo después haber algo? Y si no había tiempo, ¿en qué momento surgió?, ¿a qué hora, qué día, en qué mes de qué año? Porque de un segundo a otro no pudo haber comenzado; es imposible, absurdo, ridículo. «De un segundo a otro», piénsenlo; otra vez… Un segundo no puede existir si no existe el tiempo, y el otro jamás puede llegar si el primero no le cede su lugar. Entonces, ¿cuándo empezó? ¡Pero no! «¿cuándo?» no era la pregunta que me llevaría a la respuesta que yo buscaba. Porque en ese momento mi reloj marcaba las 3:07 de la madrugada, y a mis 39 años con 4 meses de edad, había pasado –unas más, unas menos– 14,360 veces por la misma hora, y todo ese tiempo es tan breve como un minuto. (más…)

Sin Firma

S

Autor Invitado: Abraham Vodnik

Sin Firma

– ¿Quieres la buena o la mala primero?

– Mmm… ¿qué tan mala es? -respondió Javier.

– No te va a gustar. Aunque la buena tampoco es tan buena -dijo Miriam, mientras arreglaba su falda con gesto ensombrecido. (más…)

No Te Volveré a Escribir

N

No te volveré a escribir, ¿sabes? Porque evidentemente no me leerías. Tú ya estás allá, tan fuera de mi vida, y yo no pienso dejar la puerta entreabierta, como suelo hacerlo, para asomarme por la rendija a ver si se te ocurre rondar allí afuerita. A ver si se me ocurre a mí, invitarte a pasar.

No quiero verte, ni pensarte, ni buscar de nuevo el pretexto ideal para cruzar por tu cotidianidad, como quien no quiere la cosa, por si acaso vislumbro, a lo lejos, ese andar tan falsamente genuino, tan meticulosamente espontáneo, del que eres dueña. (más…)

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