Categoríaetcétera

Historias de conejos

H

Autor invitado: Abraham Vodnik

 

Con todo el amor y el agradecimiento de nuestros días.

“… y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse),

 te alegrarás de haberme conocido.”

-A.Saint-Exupéry.

 

Esta no fue la primera vez que nos acercamos, lo habíamos intentado antes, jóvenes y entusiasmados pero lo suficientemente sensatos para reconocernos aún torpes. Y siendo honesto, no esperaba encontrarla una segunda vez. Temerosos y discretos, nos fuimos acercando despacio con la intención de reconocernos y entender las necesidades de cada uno. La observo bailar y en cada gesto descubro canciones escondidas que resuenan entre los pliegues de su sonrisa.

Conocedora del valor que tienen su cariño y sus besos; yo fui colectando cada uno y los puse en las partes de mí que más lo necesitaban. Ambos muy diferentes pero siempre sabiendo ensamblar nuestras manos para crear nuevas piezas con ellas. Así comenzamos a andar juntos, bailando contra todo, defendiéndonos a caricias, con cuidado, despacio y sin apresurarnos porque queremos llegar lejos. Disfrutamos de los días y cuando no nos queda sol, somos lluvia por la noche, precipitándonos ruidosamente sobre los tejados e inundando las trincheras. Entonces, al día siguiente salimos a recoger nuestras flores al amanecer, sin importar si no ha parado de llover porque su corazón es como un paraguas para dos.

Pasan los días, las canciones, los libros y los viajes; y vamos acumulando memorias que refuerzan las paredes que nos mantienen juntos. Somos un gran equipo y se nota, aunque los horarios no estén de nuestro lado, sé que sus ojos me esperan por la noche y yo le dejo besos debajo de la almohada para que pueda tomarlos al amanecer. Practicamos el amor en todos los lugares que visitamos, volviendo a casa con cabellos desordenados y secretos entre los labios.

Hemos tenido una tarde excelente y me siento a escribir con la cabeza llena de pequeños conejos que saltan dentro de mí; bosquejo las primeras ideas cuando me percato que algo los ahuyenta. Una nube se coloca sobre nosotros, la observo con cuidado y me doy cuenta que las cosas han cambiado y que debería comenzar a escribir en pasado. No termino de entender lo que está sucediendo mientras se me hacen nudos en los dedos y la cabeza desordena toda… me se… y caigo.

Despierto desorientado y busco a tientas a mi alrededor alguna figura que sea familiar. El suelo sigue empapado de la tormenta que pasó y en los charcos veo reflejados los errores que nos hicieron tropezar y soltarnos. Me siento un idiota por no haberlo visto antes. Intento decir algo pero sus ojos me confiesan que esta incomunicación le entristece. Se acerca despacio, se pone en cuclillas para brindarme una última caricia y sigue con su camino. Me levanto y avanzo con la intención de alcanzarla pero el tiempo me adelanta y es difícil mantener el ritmo con el peso de la palabras enmudecidas que me entorpece y alenta. Agarro un puñado pero las letras se escapan por entre mis dedos antes de que pueda ponerlas en mi boca. La pierdo de vista.

Resignado, desearía poder quedarme más tiempo en el mismo sitio, con la esperanza de que se haya dado la vuelta y pueda encontrarme esperando, pero no tengo el privilegio de engañarme a mí mismo. Respiro profundo y decido reincorporarme mientras siento cada una de mis heridas. El cielo se ha despejado y es momento de regresar a casa con la cola entre las patas.

Han pasado varios meses y sigo juntando el coraje necesario para decir lo que siento, pero, al mismo tiempo, me resisto a escribirlo pues sé que hacerlo inevitablemente traerá consigo un punto final. Busco refugio en los recuerdos pero las imágenes se distorsionan y se entremezclan con la lluvia que ha borrado las huellas de sus pasos. Ya no tengo a dónde seguirla. Respiro nuevamente y hasta este momento me doy cuenta del desorden que habita dentro y fuera de mi cabeza: trastes apilados, ropa sobre el suelo y poesía por todas partes. Entonces, las palabras comienzan a filtrarse de entre el barro y la tristeza, y finalmente escribo. Lleno esta hoja con las palabras que se desbordan por ella, que se salen de mi cabeza y se esparcen por todo el cuarto sin poder detenerlas. Y sigo escribiendo. Sobre restos, sobre heridas, sobre lo que se va y lo que se queda. Porque finalmente para eso sirve la literatura, para hablar de las cosas que no tienen forma y que nos quitan el sueño. Y lo escribo para que se quede en algún sitio, para que no desaparezca. Así, en un futuro, podremos regresar a deshoras para leerlo mientras sonreímos por dentro, con el teléfono en una mano y el corazón en la otra.

Ya conozco lo que viene. Tomará tiempo escombrar las repisas, desaprender los gestos, acostumbrarme a los cajones vacíos y a las sábanas limpias. Aún así seguiré encontrando fantasmas, cada vez con menos frecuencia pero con los pétalos intactos. Esos que acechan en silencio y en cualquier momento salen en forma de fotos o besos dentro de un libro, dibujos garabateados en la última página de un cuaderno, aretes, un cepillo de dientes o algún cabello, sobre todo en forma de cabellos. Porque vamos dejando un poco de lo que somos en los lugares por donde pasamos. Pero quizá entonces ya no sean tristes, o por lo menos revoloteen suaves y sin prisa para extrañarnos en silencio, esperando encontrarnos en cada habitación que visitemos. Ignorandonos mientras nuestras sombras se miran.

Ella no sabe cuándo fue la última vez que la ví, que nos vimos, aunque a tiempos diferentes. Supongo que fue mejor así porque la situación no era favorable para ninguno. Paralizado al distinguir su perfil de entre las caras que habitaban el café, decidí seguir con mi camino. Y está bien, porque eso es lo que está buscando y lo que se merece, alguien con quien pueda construir un futuro en conjunto. Está bien, aunque ahora duela, porque algún día he de sanar y volveré a usar las noches para dormir. Así que me quedo tranquilo, después de todo, aún me falta recoger las flores que quedaron en mí jardín y aprovecharé el agua de los charcos que dejó la última tormenta.

 

 

Uno que otro poema

U

Tengo

Tengo nervios…

Tengo nervios de tus ojos miel,
nervios de sentirte cerca,
de pensarte, extrañarte y adorarte.

Tengo nervios de tu piel,
Que mire tus ojos al tenerte cerca,
Y sólo piense en quererte.

No lo voy a negar,
De paso tocarte, molestarte
Y reír sabiendo lo poco que te molesta.

Tengo ganas de pensarte,
Y que me saques esa sonrisa.
Qué sin darte cuenta,
Cambia mi día, sólo por recordarte.

Tengo curiosidad de leerte,
Nervios de besarte
Y ganas de quererte.

RafaGA.

Y ASÍ

Y así,

Me gusta pensarte,
Me gusta escribirte.
Sonreír…
Leerte y volver a sonreír.

Y así,

Frente a la pantalla luminosa,
Un sin fin de imaginarios y posibilidades,
Dichosos en un moloch de ansia,
Invaden mi mente, corazón y debilidades.

Y así,

El miedo de decirlo,
Miedo a confesarlo,
Miedo por abrir las heridas de amor
Que suelen tener tanto ardor.

Y así, amor secreto
Amor olvidado
Amor de amigos
De lo que podría ser y sueño es.

RafaGA.

Reencarnación

R
Gota
Fotografía propia. Cámara: Canon EOS Rebel T5i.

Cada gota de rocío se desliza.

Cada desliz subsecuente se acumula

y las gotas reunidas estremecen una flor:

Cada gota sumada, sentir mejor,

mientras más cercana se siente la caída.

*

Cada gota como canción escurre,

Cada espacio entre deslices, un silencio persigue

y las gotas reunidas estremecen una flor:

¿Son todas las canciones música,

o toda la música una sola canción?

*

Cada gota, cada canción, es un recuerdo.

Cada recuerdo por la vida se desliza

y las gotas reunidas estremecen una flor:

¿Son muchos recuerdos esta vida,

o toda vida un sólo recuerdo?

*

Recuerdos: pequeñas vidas en desliz.

No soy mis recuerdos, soy sólo una gota.

No somos aquellas gotas unidas por silencio.

Somos música al borde de una flor

mientras más cercana se siente la caída.

 

Instagram: @iker.bg

Twitter: @ikerbg92

El sueño de Javier

E

Lo que estoy por contarles ha sido uno de los secretos mejores guardados de San Pablo el Chico, sucedió hace cincuenta años y todos los habitantes prometimos guardar silencio y olvidar todo lo ocurrido. Casi todos han muerto y los que quedamos nos hemos acostumbrado a la idea de que todo fue un mal sueño. No me queda mucho tiempo, no me siento bien. Contar esto que ya no sé si es una anécdota o un sueño es algo que he querido hacer desde hace décadas, ustedes serán quienes decidan si es uno de los secretos mejor guardados de San Pablo el Chico o un sueño colectivo más. (más…)

Lo Trágico de Ser Invisible

L

Autor invitado: Emiliano Becerril

Mucha gente me ve. Todos me palpan, me observan. Nada hay especial en mi rostro que les haga exaltarse, mucho menos recordarme. Paso desapercibido con el paso del tiempo, y el tiempo mismo se lleva mi imagen y nadie recuerda que alguna vez recordó haber recordado mi cara. Cambiamos a cada momento.

Siempre hay alguien que parece llamar la atención; no soy yo. Si tus facciones son agradables no vives en tragedia, las mías no son repulsivas pero son simples, sin mayor detalle. Llama la atención mi manera de ser y cómo convivo. Soy otro en ese ambiente. Nadie me conoce en realidad, ni siquiera mis adentros. Quiero recordar que recordé haber recordado agendar la cita con el especialista mental: el miedo. (más…)

Homenaje

H
16387405_10155071984565625_5871300910587952980_n
El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

(más…)

Mapas personales

M

Tú no sabes quedarte. Llegas, desordenas mi vida y te vas: lo tuyo no es amor; es turismo emocional. Dice Edel Juárez, y lo dice como si se pudiera hacer turismo con las personas, como si pudiéramos elegir un destino donde pasar nuestro tiempo libre, como si las personas se pudieran elegir con la misma facilidad con la que se elige una ciudad, en un mapa cualquiera, para pasar nuestro próximo día inhábil. Pero el turismo no es únicamente emocional, uno no camina por la calle pensando que aquella mujer o que aquel hombre es perfecto para que llegue, de paso como siempre, desordene sus vidas de la misma forma que he desordenado la mía y me marche sin mirar atrás, como uno se marcha del cuarto de un hotel después de haber pasado una mala noche en la ciudad. Uno va rumbo al aeropuerto o la central de autobuses o a dónde sea que ha dejado el auto estacionado para irse, para abandonar la ciudad y no volver, si es que todo marcha como se ha planeado. Uno no piensa así cuando camina por la calle, uno no piensa en joder a los demás con turismo emocional, pero, a veces, sí pensamos en hacer turismo personal, o lo hacemos sin la más mínima intensión.  (más…)

¿Cómo ser un buen cinéfilo y no fracasar en el intento?

Autor invitado: María Emilia González. 22 años. Colombiana.

¿Cómo ser un buen cinéfilo y no fracasar en el intento?

Hace un par de semanas platicaba con alguien que se autodenomina cinéfilo. Tuvimos una larga discusión sobre qué es lo que hace a una película triunfar en esta época, pero lo que realmente me sorprendió, fueron sus palabras respecto a lo que significa ser un amante del cine. De esta charla surge este texto, que busca ofrecer breves herramientas para aprender a ser un buen cinéfilo sin fracasar en el intento:

  1. Tenga claro que es posible amar una película. No solo por su guión, los actores o su director, sino porque todas las características y detalles que conforman un filme pueden hacer sentir grandes emociones.
  2. No se incomode si comienza a hacer referencias de Batman o Amélie en su día a día, es parte del proceso. Encontrará frases o gestos que lo representen… ¡No se asuste! Hay muchos como usted que no se quedarán callados ante la posibilidad de esbozar alguna referencia cinematográfica.
  3. Compre esa camisa o juguete de colección de Star Wars que siempre quiso, no se preocupe si le dicen geek (es pura envidia). Además, algunas cosas serán de colección en algunos años.… Y si usted es muy fan, ¡podrá tenerlos desde ya! Tampoco tiene que gastar un montón de dinero, use cupones y aproveche las ofertas.
  4. Apoye a directores, actores y artistas adquiriendo sus películas de manera legal. Si bien es cierto que las grandes industrias de Hollywood ganan millones de dólares al año, muchos otros a través de sus propuestas independientes logran apenas conseguir algunas ganancias, teniendo en cuenta lo mucho que cuesta realizar una película.
  5. Hitchcock y Kubrick no son los únicos buenos cineastas. ¡Claro! Ellos son un referente, han influenciado a muchos y sin duda alguna se han convertido en un hito del cine mundial, pero no tema emocionarse por estrenos de películas no tan “producidas”. Si su pasión son las películas de animación o las tiernas sagas infantiles de Disney, siéntase orgulloso. Que nadie le diga que es menos cinéfilo porque tener algún gusto en particular.
  6. Haga playlists con las maravillosas bandas sonoras del cine. Aunque no parezca, la música es uno de los puntos clave para el éxito de las películas; enamorarse de las bandas sonoras no es un pecado.

En conclusión, encuentre sus propias formas de amar el cine, vívalo como mejor le parezca y regálese muchas sonrisas frente a la pantalla. ¡El cine, como el arte en general, debe vivirse y disfrutarse con las condiciones y límites que cada quien se impone! 

Sobre el autor:

María Emilia González

Comunicadora Social, Periodista y Sarcástica.

Last Night I Knew What To Say

L

Autor invitado: Chuck Pedroza

Last Night I Knew What To Say

“This is how it happens, he thought. When you catch someone’s eyes across a room and never forget them, or see someone at the far end of a crowded subway platform that could have been your double, or hear a laugh on the street that could have been the laugh of the first girl you ever made love to-«

Stephen King, The Stand.

For C.

The first thing that comes to mind when I think about Claudette are her fingernails, the way those small rose ovals always sported a different, extravagant tonality whenever I saw her. The volatility of someone willing to spend each day painting them in various fashions should have alerted me of what would eventual happen but the feeling of finding something about someone that they never shared, that you figured out on your own, was enough to displace the worrisome thoughts I should had been developing.

She always compared her hands to mine. The difference was apparent to me whenever I held hers, but she still pointed it out sometimes. Mostly when we were in bed, her body between my arms and her hands on mine. Hers were pristine, unblemished; completely foreign to any sort of labor. The hands of the bourgeoisie as my old man would’ve said. Her fingers were long and regal, slim yet not bony. Mine, on the other hand, were marked by five long years inside the kitchen: they had been burnt, lacerated, and calloused through long hours of cutting, chopping, sautéing, braising and grilling; they were rough to touch, heavy yet nimble, the polar opposite of the French girl I loved. (más…)

Categorías