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Terciopelo

T

Pasé por el parque que está en mi colonia cruzando entre los juegos infantiles y los árboles. A veces suelo poner pausa a mi caminata un rato para contemplar el cielo. Me gusta ver la luz del sol pasar entre las hojas. El aire que respiraba esa tarde era húmedo y limpio; la humedad causada por pequeñas tormentas de 15 segundos tan típicas de este lugar.

Me detuve en una banca de concreto pintada de rosa y blanco, que ya mostraba signos de una edad senil: grietas llenas de musgo y envolturas de papas y dulces dobladas quién sabe cuántas veces para encajar. Me llena de inquietud y asombro la determinación de la gente que dobla las bolsitas una y otra vez para dejarlas ahí, en la grieta. Es como si estas personas quisieran dejar una huella, una señal de que ahí estuvieron. Hay unos aún más pasionales, que logran meter botellas de agua de litro y medio torcidas en espirales y dobleces dignos de admiración. Las grietas de las calles rellenas de basura son esculturas colectivas. Son huellas.

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Simbiosis

S

No era broma. La mirada de Carlos me lo decía, lo que acababa de decir era completamente cierto. Estaba muerto.

-¿Cómo?
-Me pasé con la coca.
-¿Cocaína? Carlos, ¿qué pedo?
-Me vas a decir que tú nunca…
-No, yo sí, pero no me morí por eso.

Caminamos por los pasillos angostos del lugar, Carlos siempre atrás de mi, por lo que tenía que voltear de vez en cuando mientras platicábamos. En las paredes había cuadros, todos de Van Gogh y Miró. Carlos se detenía a mirarlos.  (más…)

Un sin fin de imaginarios

U

Un sin fin de imaginarios se dibujan en el parabrisas del coche. Imaginarios que solo pocas personas tienen la capacidad de entender y que para cada persona es una situación diferente. “Es momento de reflexionar” dice una voz en el radio, una voz que se ha convertido en el acompañante de muchos a esa fría hora, que en lo personal me llega a parecer algo molesta ya que es el recuerdo de un vaivén de marea urbana que llega a causar cierta náusea después de un tiempo.

En realidad, me parece que toda persona debe estar en una constante reflexión y, aunque estén trabajando en otras cosas, su mente está dando vueltas a otros asuntos. Cansancio mental.

Hoy soñé con ella, lo sé porque el frío sudor me ha despertado casi como si se tratara de un mal sueño. Hubiera preferido el mal sueño, pero ahí estaba, tan hermosa como siempre, tanto en físico como en espíritu. La mirada fija me leía de pies a cabeza, aquella musa me conocía, siempre conmigo; nunca mía. Una vez agitado, sin conciliar sueño, me levanto por aquel néctar que me ayuda a tranquilizarme y despejar la mente; resulta difícil imaginar una vida sin ella y ahora que no está no hago más que pensarle y visualizarla. (más…)

Barreras.

B

Me interesa tenerte porque no te he tenido.
Te busco con la mirada porque no te he encontrado.
Quizá me intereses, aún no decido,
muero por decir que te he esperado.

Diciendo sandeces me mantienes cautiva.
Me tomas, me elevas y me haces a un lado.
 “¿Qué pasa?”, preguntas cuando estoy pensativa,
respondo diciendo “Cuánto te has tardado”.

Escribo esto mientras espero tu llamada. Lo hago porque hoy me di cuenta de algo.  No debería justificarme por lo que siento ni por como lo expreso, no debería disculparme si decido abrir o cerrar mi corazón, no debería preocuparme por decir o hacer algo si es sincero y es real. (más…)

Instrucciones. 

I

Vamos a jugar una cosa que me gusta llamar Intriga. No es que yo le haya dado ese nombre, pero es lo primero que me viene a la mente al pensar en ti. Primero tenemos que estar los dos en el mismo lugar, a la misma hora. Las razones de este encuentro pueden ser muchas, desde tener amigos en común hasta cualquier casualidad que, a veces, denominamos destino.

En este lugar tenemos que decidir si el hecho de que nuestras miradas se encuentren suceda por pasar cerca el uno del otro. Quizá nos estábamos buscando, o quizá la vida era la que quería que nos encontráramos.

Cuando empecemos a platicar, tenemos dos opciones: aburrirnos con detalles insignificantes como a qué dedicamos nuestros días, o pasarnos la tarde en anécdotas que parecen sin valor, pero que nos llenen de eso que le da nombre al juego: Intriga. Si nos aburrimos podemos seguir con nuestras vidas, y pasar a ser solo recuerdos enterrados; si optamos por seguir jugando, las cosas pueden tornarse ligeramente interesantes.

Pasemos a la siguiente etapa: saciemos nuestra curiosidad con preguntas mecánicas, llevemos nuestra creatividad hasta el limite dando respuestas cargadas de indicios que nos guíen hacia los siguientes pasos.

Si queremos seguir jugando, podríamos poner algunas reglas: sé que no te gusta que te llamen por tu apodo, ni a mi me gusta que hagas bromas sobre mis inseguridades. Son precisamente esas cosas que vamos conociendo el uno del otro lo que poco a poco llevan este juego al punto máximo que me gusta llamar Clímax. No es que yo le haya dado ese nombre, pero desde que empezamos a jugar es lo primero que me viene a la mente cuando recuerdo algún beso tuyo. Si, ya nos besamos y si, nos saltamos algunas etapas. Eso es lo que llena de Intriga este juego: no existen pasos ni reglas ni nombres ni etapas, solo tú y yo jugando a que jugamos.

Compás.

C

Cuando comenzó la música, se me detuvo el corazón por un segundo. Sabía que al darme la vuelta él iba a estar al centro de la habitación esperándome con los brazos abiertos, iluminado por la luz que venía de los grandes ventanales, ansioso de bailar conmigo la canción que había escrito para mí.

Puso su mano en mi cintura y me acercó a él, juré que se podía escuchar el bombeo de la sangre que venía desde mi pecho. Recargué mi cabeza en su hombro y cerré los ojos. (más…)

Ensayo sobre la escritura de México , en el siglo XIX.

E

La historia de la escritura de la historia en México siglo XIX

A falta de una cohesión e identidad  histórica en general de nuestra patria y país residente, México. Se han suscitado, y han nacido a lo largo  de los últimos tres siglos, una serie de condicionantes que han ido, y seguirán determinando la manera, o forma de percibir la historia de México. Los historiadores, y su intento por plasmar la actividad histórica a lo largo del siglo XIX, es el tema central que trataré de abordar y explicitar  lo más nítidamente posible a lo largo de este trabajo. “Los autores que nos ocupan pertenecieron a dos generaciones y sus obras más relevantes aparecieron entre 1848 y 1884, fechas que nos han permitido delimitar una etapa”[1].

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