Correspondencia

C

I.

Un sujeto marchito, inocente y abismal pecho frío,
me sigue como insecto, hambriento de mi sangre.
Siento dolor en la piel, escozor en los huesos…
ya no es cosquilleo agradable, embrujo de esa risa.
Ya no es su lunar en la boca, su ternura tan tierna,
sopor color rosa.

II.

¿Que será de aquel perdido? Lejano.
Tratando de ser y estar. Difuminándose.
Mentiría si confieso que no anhelo sus manos.
Sus dedos en mis hombros, mis caderas.
Mi cabello enredado entre sus uñas y dientes,
mis pies a los suyos. De él ya no queda nada.

Ojalá llueva en enero y se congele este vicio.
que mi voz no vuelva a nombrarle ni a buscarle.
Ojalá mi deseo se mantenga encerrado,
que no se manifiesten fantasías en mi inconsciente.
Sé que hay quién lee esto y se siente señalado,
pero muere el destinatario al morir el remitente.

III.

Ya no soy quién encerraba su nombre con tinta roja,
ya no uso el perfume con el que rociaba mis letras,
ya no visto palabras tristes llenas de melancolía,
ya no escribo frases con sabor a su lengua.

Se me han ido de las manos costumbres que sentía mías,
me miro al espejo y me duelen heridas mal curadas.
Ya casi no me reconozco con estas ojeras sombrías,
pero sigo escalando, no siento las manos cansadas.

IV.

Quizá conozco a alguien y empezamos de cero,
reímos y no salimos de su auto, cama y bañera,
es posible que sepa escribir bien mi nombre a la primera,
y que me abrace hasta que desvanezca el miedo.

Confiaré ciegamente y dejaré que me envicie,
me rodearé del sopor rosado, disfrutaré el terremoto.
Pasando el tiempo nos desharemos el uno al otro,
le escribiré diez mil cartas, y una última, cómo ésta.

V.

¿Fuiste mi único beso durante nuestro intento en vano?
¿Jugamos a querernos o jugué yo y salí ganando?
¿Duró menos de cien horas mi duelo por separarnos?
¿Te creí cuando me dijiste que tu lugar era a mi lado?

Buena suerte en la búsqueda de tu arenero anhelado,
ojalá encuentres quién te entretenga, una bola de estambre.
Yo me cambié de casa, aquí no llega el correo.
Sello el sobre, lo beso, y escribo “Sin remitente”.

The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson, 2014)

Sobre el autor

Kathya Rosas

"No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente, porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es fácil, el nuestro, difícil. Caminemos.", H.H.

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Por Kathya Rosas

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