Dos para la una

D

UNO

Observar la luna no es asunto sencillo, 
quieres enfocarla pero tu mente la difumina.

La luna lo nota y sin hacer mucho alboroto,
se dirige a ti y te pregunta:
‘¿Soy yo, esta luna, la única que te ilumina?’

¿Cómo mentirle?
Aún buscas el brillo de la otra luna,
aunque parece que se quedó en otro planeta.


¿Qué habrá sido de ti? Tú, de la sonrisa torcida.
Mi cómplice, mi luna llena, la única que me ilumina.
Escondida en mis manías  y en mis ademanes,
me gusta pensar que vives entre la estrellas.
Cuando aquí estabas solo había luz,
luego hubo sombra y luego nada.



DOS


Si se te ofrece y te dan ganas, te confieso, 

puedo ser yo de tu boca un anhelo.

Si quieres reír hasta llorar, dime cuándo.

Reiré y lloraré, pues soy tu cómplice.

¿No sabes a dónde ir? Soy sincera:

puedo ser de tu mano una guía.

Por la noche, si te pierdes, mira al cielo.

Soy yo quien te va a mostrar el camino .

Dele su boca y permítase el anhelo.
Deje que crezca la complicidad a risa y llanto.
Sígala y déjese guiar a cualquier otro lado,
piérdanse, encuéntrense, que vida solo es una.

Déjate llevar por esta nueva luna.

K. R.

Sobre el autor

Kathya Rosas

"No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente, porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es fácil, el nuestro, difícil. Caminemos.", H.H.

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