Instrucciones. 

I

Vamos a jugar una cosa que me gusta llamar Intriga. No es que yo le haya dado ese nombre, pero es lo primero que me viene a la mente al pensar en ti. Primero tenemos que estar los dos en el mismo lugar, a la misma hora. Las razones de este encuentro pueden ser muchas, desde tener amigos en común hasta cualquier casualidad que, a veces, denominamos destino.

En este lugar tenemos que decidir si el hecho de que nuestras miradas se encuentren suceda por pasar cerca el uno del otro. Quizá nos estábamos buscando, o quizá la vida era la que quería que nos encontráramos.

Cuando empecemos a platicar, tenemos dos opciones: aburrirnos con detalles insignificantes como a qué dedicamos nuestros días, o pasarnos la tarde en anécdotas que parecen sin valor, pero que nos llenen de eso que le da nombre al juego: Intriga. Si nos aburrimos podemos seguir con nuestras vidas, y pasar a ser solo recuerdos enterrados; si optamos por seguir jugando, las cosas pueden tornarse ligeramente interesantes.

Pasemos a la siguiente etapa: saciemos nuestra curiosidad con preguntas mecánicas, llevemos nuestra creatividad hasta el limite dando respuestas cargadas de indicios que nos guíen hacia los siguientes pasos.

Si queremos seguir jugando, podríamos poner algunas reglas: sé que no te gusta que te llamen por tu apodo, ni a mi me gusta que hagas bromas sobre mis inseguridades. Son precisamente esas cosas que vamos conociendo el uno del otro lo que poco a poco llevan este juego al punto máximo que me gusta llamar Clímax. No es que yo le haya dado ese nombre, pero desde que empezamos a jugar es lo primero que me viene a la mente cuando recuerdo algún beso tuyo. Si, ya nos besamos y si, nos saltamos algunas etapas. Eso es lo que llena de Intriga este juego: no existen pasos ni reglas ni nombres ni etapas, solo tú y yo jugando a que jugamos.

Sobre el autor

Kathya Rosas

"No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente, porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es fácil, el nuestro, difícil. Caminemos.", H.H.

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Por Kathya Rosas

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