Querido Hugo

Q

¿Cuántas veces me habré traicionado por una mirada tuya? Es casi gracioso pensar en lo mucho que cambian las cosas a partir de un instante. Una mirada de complicidad puede terminar siendo un suicidio sentimental si uno abusa de ella.

No te escribo hoy por eso, mi vida, si no por la sencilla razón de que me levanté por la mañana y no te vi a mi lado. Quizá si esto hubiera sucedido hace un par de años, me preocuparía y gritaría tu nombre. Hoy me sentí aliviada. La sensación duró un instante, un suspiro. Luego saliste del baño y sin mirarme, abandonaste el cuarto.

Me quedé aquí, sentada, con la cabeza recargada en esta pinche pared que juraste se vería mejor en amarillo canario. Realmente nunca te perdoné el hecho de sentirme en la cocina de mi madre cada que entraba a esta habitación.

Dejé de amarte. No fue de golpe, aún te amaba cuando saliste del baño. Fue disminuyendo poco a poco, hasta que dejé de hacerlo. Me tomé la cerveza caliente que estaba sobre la mesa de noche y grité tu nombre.

Sobre el autor

Kathya Rosas

"No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente, porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es fácil, el nuestro, difícil. Caminemos.", H.H.

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