Sin título.

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¿Cuánto cabe en un adiós? Pregunta la persona que administra este blog, y le contesto sin dudarlo, como si la respuesta hubiera estado en mis labios desde hace más de medio año.

Adiós. No es un hasta luego, ni un hasta nunca. Es una palabra que encierra tanto y a la vez es tan poco para decir lo que realmente se pretende.

Adiós. Despedirse, dejar ir por un día, un mes, una vida… Saludar al futuro, a las nuevas oportunidades.

“Adiós”, dijiste, mientras tomabas mi mano y un par de lágrimas rodaban por tu mejilla la cual besé como si nunca lo pudiera volver a hacer (No sabía que así era)

Y en ese adiós se fueron las promesas, las cuales en el momento me parecieron tan sinceras. Se fueron los planes. ¿Cuántos habremos hecho?

Adiós a todo lo que te dije y lo que no, a mi promesa personal de confesarte tantas cosas que ahora viven enterradas en mí y que jamás podré decirte (Ni quiero).

Tú dijiste adiós en el momento en el que cerraste la puerta del auto, pero no me di cuenta. En ese momento lo disfrazaste de un “Hasta pronto”.

Y fue difícil. Pero al escribir esto lo sé y hoy estoy segura. Por fin puedo decir: “Adiós”.

Foto por Kathya Rosas

Foto por Kathya Rosas

Sobre el autor

Kathya Rosas

"No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente, porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. El camino de la mayoría es fácil, el nuestro, difícil. Caminemos.", H.H.

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